Después de los años de conflicto militar, en 1973 se inició un período
de luchas económicas y sociales, en las cuales la Universidad de San
Carlos tuvo un importante papel.
Ese año, con una exagerada alza en los precios del petróleo, se desató
una crisis económica internacional, en especial en los países importadores
como era el caso de Guatemala. Esto causó un desmedido aumento en los
artículos de primera necesidad. Para los campesinos, los precios de los
insumos agrícolas, como abonos y fertilizantes, llegaron a precios
imposibles de pagar. Para los asalariados de los centro urbanos, el dinero
perdió valor real y su poder de compra disminuyó significativamente.
Los trabajadores y obreros vieron en un aumento salarial la única
solución para salir de la crisis. Los primeros en exigirlo públicamente
fueron los maestros de educación primaria, muchos de ellos estudiantes
universitarios. De tal cuenta la Universidad fue para esta huelga un
espacio organizativo. Tras cuatro meses de lucha, los profesores
alcanzaron su objetivo con creces. No sólo obtuvieron una aumento
salarial, sino el movimiento mismo consolidó su organización. Esto motivó
a que huelgas y paros se extendieran al sector público para exigir mejoras
salariales. Con el fin de la violencia estatal generalizada, la confianza
de los grupos populares iba en aumento.
Para los comicios presidenciales de 1974, se gestó un fraude electoral
que permitió la continuidad en el poder del Movimiento de Liberación
Nacional y el Partido Institucional Democrático (MLN-PID), con el general
Kjell Eugenio Laugerud García. De esa forma fue derrotada una alianza
centro-izquierda encabezada por el democratacristiano general José Efraín
Ríos Montt y el economista Alberto Fuentes Mohr, posteriormente fundador
del Partido Socialista Democrático en Guatemala.
A principio de los 70 la política en la San Carlos aún no estaba
dominada por los partidos de la izquierda. De tal forma, la fuerte
organización del Frente Estudiantil Social Cristiano (FESC), vinculado con
la Democracia Cristiana, llevó muchos universitarios a apoyar la
candidatura de Ríos Montt. Lo mismo pasó en el movimiento sindical, donde
la Democracia Cristiana ejercía influencia sobre la Central Nacional de
Trabajadores (CNT). En 1974 estudiantes y obreros encabezaron las
protestas contra el fraude.
Frente a las protestas populares, Kjell Laugerud se vio obligado a
ganar legitimidad aceptando algunas de las reformas políticas y económicas
planteadas por los partidos de la oposición. Contrario a las
administraciones pasadas, Laugerud no inauguró su mandato con una ola de
represión. Aunque de una manera limitada, flexibilizó la posición
gubernamental frente a las organizaciones independientes. Incluso buscó
solucionar algunos conflictos laborales por medio de la negociación sin
recurrir a la violencia en contra de los dirigentes sindicales, como
normalmente se hacía desde 1954 (Levenson-Estrada 1994: 105).
Durante esta apertura política, el país fue sacudido por el terremoto
de 4 de febrero 1976. Cerca de 30 mil guatemaltecos murieron en el
desastre y casi un millón quedaron sin techo. Además de lo dramático, el
fenómeno tendría una importancia política. La visible incapacidad y
corrupción del Estado frente a la tragedia provocó una toma de conciencia
y un brote de organización independiente en el área urbana. En los barrios
marginales más afectados por el terremoto, los vecinos formaron varias
agrupaciones para rescatar a los sobrevivientes o los fallecidos. Estos
grupos enterraron a las víctimas y distribuyeron agua y alimentos, así
como materiales para la reconstrucción de los hogares. Además, se
integraron comités que daban seguridad durante el descombro y la
reconstrucción (Levenson-Estrada 1994: 52, 67, 124).
Los afectados fueron apoyados por brigadas de estudiantes
universitarios y del nivel medio, algunos con un interés político en
fortalecer los contactos con los grupos populares y así construir un
movimiento unitario de oposición al gobierno. Los universitarios crearon
enlaces con los barrios pobres, mediante el Movimiento Nacional de
Pobladores (MONAP), y con los institutos de nivel medio a través de la
Coordinadora de Estudiantes de Educación Media (CEEM). La Asociación de
Estudiantes Universitarios dejó de ser una agrupación llena de dirigentes.
Para 1976, la AEU fue capaz de movilizar grandes masas de estudiantes.
Un ejemplo de esto ocurrió el 25 de junio, cuando frente al Cine Lux,
en la 6a. avenida y 11 calle de la zona 1, los estudiantes realizaron el
primer mitin fuera de la Universidad en muchos años, esta vez fue para
conmemorar el vigésimo aniversario de la masacre de 1956 (El movimiento
estudiantil en Guatemala, sin fecha; entrevistas).
Figura 2. Total de asesinatos y desapariciones en la
Universidad de
San Carlos, por unidad académica, de 1954 a
1996

Se desconoce la
facultad o escuela de otras 117 víctimas, mientras 12 no pertenecían a
ninguna facultad en particular. Aunque las facultades de Ciencias
Jurídicas y Sociales (Derecho) y Ciencias Económicas tienen el mayor
número de víctimas, también cuentan con el mayor número de estudiantes.
Para poder comparar las frecuencias de represión, abajo se presentan los
totales de estudiantes inscritos en cada unidad académica de la San
Carlos-Campus Central en 1980, año en que la violencia urbana llegó a su
auge. Económicas: 9132; Derecho: 5032; Ingeniería: 4393; Medicina: 4290;
Arquitectura: 1982; Agronomía: 1943; Farmacia y Ciencias Químicas: 1241;
Psicología: 1159; Humanidades: 1062; Trabajo Social: 826; Medicina
Veterinaria y Zootécnica: 793; Odonotología: 762; Historia: 300; Ciencias
Políticas: 248; Ciencias de la Comunicación: 149 (datos del Departamento
de Registro y Estadística-USAC).
Además, después de años de silencio o posiciones defensivas, el
movimiento obrero estaba recuperando la fuerza que había perdido en la
contrarrevolución. Semanas después del terremoto, los trabajadores de la
Embotelladora Coca Cola tomaron la fábrica ante un intento de paro
patronal, con el que se pretendía destruir la cada vez más fuerte
organización sindical en esa empresa. Como apoyo al sindicato de la Coca
Cola y para poder enfrentar al Estado, se fundó el Comité Nacional de
Unidad Sindical (CNUS). Más que una organización de obreros, el CNUS se
convirtió en el cuerpo coordinador de las luchas populares urbanas
(Albizures 1985: 29).
Junto con otros abogados laborales, profesores y estudiantes del
Derecho asesoraron a los trabajadores, defendiendo el derecho a la libre
sindicalización. El resultado fue que en 1977, más que en cualquier otro
año de la historia del país, más trabajadores recurrieron a las huelgas
como método de lucha. La prensa nacional publicaba uno tras otro reportes
favorables sobre las acciones sindicales, y la capital fue estremecida por
varias manifestaciones masivas. El año terminó con "la gloriosa marcha de
los mineros de Ixtahuacán", cuando éstos, acompañados por miles de
simpatizantes, realizaron un marcha a través de la Carretera Panamericana,
desde Huehuetenango hasta la capital. Esta multitudinaria manifestación
representó la novedosa unión del campo y la ciudad, de los indígenas con
ladinos, en una causa común contra el poder del Estado (Levenson-Estrada
1994: 127-29).
Pero esa apertura política tenía sus límites. Con las movilizaciones,
el sector patronal y el gobierno se sentían cada vez más amenazados. Como
era de esperarse, resurgió la violencia contra el movimiento popular y sus
aliados en la Universidad. Después de varios años de respeto a la
integridad de la Universidad, en junio de 1977 y en medio de la
efervescencia del poder laboral, fue asesinado Mario López Larrave, el
máximo vínculo entre la Universidad y el movimiento obrero.
Una nueva oleada de terror brotó con el objeto de cerrar los espacios
organizativos. Tan sólo en agosto de 1977, por ejemplo, se registraron 61
asesinatos cuyas ejecuciones tenían las características de ser operaciones
de los escuadrones de la muerte (Amnesty International 1978: 123). En su
mayoría, las víctimas fueron campesinos, obreros y pobladores. Además, las
fuerzas de seguridad dirigieron sus ataques en contra de intelectuales y
estudiantes de la clase media que apoyaron las causas populares.
La muerte de López Larrave fue el inicio de un largo ataque contra la
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y su proyección social. En el
anexo, se presentan los casos de varios estudiantes y catedráticos de
Derecho asesinados o desaparecidos durante el conflicto armado. Del Bufete
Popular, entre 1974 y 1981, fueron eliminados varios trabajadores y
asesores, como Edmundo Guerra Theilheimer, Johnny Dahinten Castillo,
Carlos Recinos Sandoval, Jorge Jiménez Cajas, Carlos Figueroa Aguja,
Ranferí Neftalí Paredes, Rodolfo Montoya, Jorge Mancio Ortiz, Carlos Tuch
Orellana, Oscar Bonilla de León y Eli Hidalgo Ponce. En la Escuela de
Orientación Sindical, según una fuente, el 70 por ciento de los profesores
fueron asesinados u obligados a salir al exilio (CITGUA 1989: 62).
No obstante, a finales de los 70 las organizaciones populares contaban
con la suficiente capacidad de respuesta ante tales ataques. Para expresar
su descontento, organizaron una serie de protestas masivas, muchas veces
durante el entierro de una víctima de la violencia estatal (véase el
Recuadro III).
Algunas fuentes consultadas insisten en enfatizar que el movimiento
social surgió espontáneamente y de diferentes sectores de la ciudad, así
como que éste logró tener una coordinación parcial sólo a través de la
jornadas de lucha entre 1973 y 1977. Otros analistas destacan el papel de
los grupos político-militares en el fomento y desarrollo del movimiento de
masas. Esos grupos, según los entrevistados, articularon los vínculos
entre los diferentes actores, como estudiantes universitarios y de
educación media, o el sector estudiantil y los pobladores de asentamientos
(entrevistas).
En todo caso, para 1978 la polarización social estaba en aumento, junto
con la represión. En consecuencia, el pueblo de Guatemala sufriría una
época de terror nunca antes conocida en la historia de Centroamérica.
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Recuadro III:
Los mártires de 1977
En 1977 fueron
brutalmente asesinados dos universitarios: un destacado profesor y
un joven de primer ingreso. Representaron la vinculación de la
Universidad con los obreros y los estudiantes de nivel medio. Por su
actividad política, se convirtieron en los primeros mártires del
movimiento urbano durante las jornadas de lucha de 1977 a 1981.
Mario López
Larrave
El miércoles 8
de junio de 1977, el catedrático universitario Mario López Larrave
salió de su bufete en la zona 4 capitalina con rumbo a la
Universidad de San Carlos. Abordó su vehículo, pero su viaje se vio
truncado. Varios hombres que viajaban en un automóvil Datsun, color
rojo, le interceptaron el paso y luego de dispararle con
ametralladoras se dieron a la fuga. López Larrave fue llevado de
emergencia al Hospital Centro Médico, en donde falleció momentos
después.
La noticia
conmovió a toda la Facultad de Derecho. Horas después del asesinato,
durante la cátedra de Derecho Penal, el profesor Guillermo Alfonso
Monzón Paz lo anunció a los alumnos diciendo: "Compañeros: se
suspenden las clases porque acaba de ser ametrallado el licenciado
Mario López Larrave" (Cuatro años después, Monzón Paz también caería
víctima de un asesino, otro de por lo menos treinta profesores de
Derecho asesinados por las fuerzas oficiales durante el conflicto
armado).
Era imposible
negar que ese crimen era en contra de toda la Universidad. Los
asesinos habían escogido a uno de los más importantes y más queridos
miembros de la comunidad sancarlista. López Larrave era miembro del
Consejo Superior Universitario, profesor y ex decano de la Facultad
de Ciencias Jurídicas y Sociales y se perfilaba como el candidato de
la izquierda a la rectoría de la Universidad. Además fue director de
la Escuela de Orientación Sindical, y en el momento de su muerte era
asesor de más de 100 sindicatos. El CNUS, en un campo pagado,
denunció el vil asesinato de quien llamó "El gran maestro de la
causa obrera".
López Larrave
era, quizá, la persona más capacitada para propiciar y fortalecer el
vínculo entre la Universidad y la clase trabajadora. Su destacada
labor había provocado más de un dolor de cabeza al gobierno, al
extremo que mientras asesoraba al sindicato de la Embotelladora Coca
Cola, en 1976, fue objeto de constantes amenazas, en las que le
exigían abstenerse de continuar apoyando a los trabajadores.
Al día siguiente
de su muerte, más de 15 mil personas acompañaron su féretro con las
manos empuñadas en señal de repudio (en ese año con los rostros
todavía descubiertos). De esa forma, los sectores organizados
respondieron al terror con una muestra de fuerza organizativa y una
activa beligerancia en favor de los derechos laborales. En los
siguientes meses la represión recrudecería y, consecuentemente, los
cortejos fúnebres se harían más frecuentes y concurridos. Guatemala
había empezado otra etapa más de aguda lucha y represión (Prensa
Libre: 9 junio 1977; El Gráfico: 9 junio 1977; Boletín
de la Junta Directiva de la Facultad de Ciencias Jurídicas y
Sociales de la Universidad de San Carlos de Guatemala: no. 12,
junio 1977; Dunkerley 1988: 471; ASIES 1991: 487; entrevistas).
Robin García
En 1976, las
autoridades de seguridad llamaron a 18 dirigentes estudiantiles de
los institutos de nivel medio. Se les advirtió que su publicación
Pueblo y Estudiante era de tipo comunista y no podía darse en
un instituto público. Entre los señalados estaban los amigos y
compañeros de estudio de Robin García Dávila y Aníbal Leonel
Caballeros Ramírez.
En 1977, Robin
García pasó a estudiar a la Facultad de Agronomía en la Universidad
de San Carlos. Desde sus años en la educación básica, Robin había
participado en un grupo clandestino de jóvenes. En 1976, se
incorporó al Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), organización
rebelde que estaba estableciéndose en el área urbana en ese tiempo.
Ya como universitario, García siguió trabajando con los estudiantes
del nivel medio, siendo el responsable de Caballeros y de otros
dirigentes estudiantiles en la Subcomisión de Organización del
Sector de Secundaria.
El 28 de julio
1977 en Ciudad Satélite, Mixco, García y Caballeros participaron en
la conmemoración del primer aniversario de la caída de tres
estudiantes de su organización. Salieron juntos del acto, pero nunca
llegaron a casa. Dos días después, el cadáver de Caballeros se halló
en la zona 11. Robin García, mientras tanto, seguía desaparecido.
La desaparición
de García, de 19 años, hizo sentir a los estudiantes la necesidad de
dar una respuesta fuerte ante el resurgimiento del terror en contra
de su movimiento. En los días siguientes a la desaparición de
García, hubo movilizaciones tanto de los estudiantes de nivel medio
como de los universitarios. En la capital así como en varias
cabeceras departamentales, las protestas tuvieron eco. Hubo
manifestaciones frente el Palacio Nacional, paros en los
establecimientos y grandes marchas por las calles de la ciudad, bajo
la consigna: "Queremos vivo a Robin". Además, por medio de
recaudaciones de fondos, varias facultades lograron publicar campos
pagados en los que exigían la aparición con vida del estudiante.
Una semana
después, el 4 de agosto de 1977, el cadáver de Robin García fue
encontrado por campesinos en Palín, Escuintla, a la orilla de la
carretera. Su cadáver había sido brutalmente golpeado, sus prendas
de vestir, pantalón y camisa, habían sido cambiados y no tenía
zapatos. Entre sus bolsillos fue posible localizar un carnet de
identificación y una nota que atribuía el hecho al Ejército Secreto
Anticomunista (ESA), uno de los principales grupos paramilitares.
La figura de
Robin García llegó a ser más grande en muerte que en vida. El 5 de
agosto más de 50,000 personas acompañaron su ataúd en la marcha
quizá más grande de duelo en la historia de la Universidad de San
Carlos. Los participantes portaban claveles rojos, signo de amistad,
que los estudiantes convirtieron en símbolo de lucha. El entierro, a
la vez manifestación silenciosa, paralizó el tránsito en la ciudad.
En los siguientes días expresiones de repudio ante el asesinato
dominaron las noticias.
La Asociación de
Estudiantes Universitarios y el Consejo Superior Universitario
públicamente culparon al gobierno por la muerte de García y por la
existencia de nuevos grupos oscurantistas, como el ESA, que se
dedicaban a atacar a "los sectores populares y democráticos".
Además, aprovecharon la oportunidad para denunciar al sector
minoritario capitalista, la "fascistización" de Guatemala, y la
"explotación imperialista" de sus recursos naturales.
Frente a estas
críticas, el presidente Laugerud García adoptó una actitud
defensiva, pero a la vez conciliatoria, permitiendo que se
realizaran varias protestas en diferentes partes del país. Sin
embargo, la muerte de Robin García señalaba el fin de la apertura
política y el resurgimiento del terror estatal y paraestatal.
García, apenas
terminando su adolescencia, se convirtió en uno de los principales
mártires del movimiento estudiantil. En 1978 se hizo también símbolo
del movimiento revolucionario, cuando su nombre fue adoptado por el
Frente Estudiantil Revolucionario "Robin García" (FERG), una nueva e
importante agrupación política estudiantil vinculada con el EGP y
que llegó a abogar por la lucha armada (El Gráfico: 4 a 10 de
agosto 1977; entrevistas). |